En la web de Ciudadanos hay actualmente numerosas denuncias de corruptelas varias de los nacionalistas, que las hay, pero me parece que, cuando menos, se presta a la confusión, porque probablemente la única condición para que se pueda dar la corrupción en un político con poder es que esté vivo, todas las demás son accesorias. Recuerdo haber oído al gran Boadella la peregrina tesis de que la política –aludiendo a Ciudadanos- es sobre todo resistir la corrupción, y en su simpática extravagancia se acogía al amparo del brazo incorrupto de Santa Teresa.Afortunadamente, la corrupción no es un hecho diferencial, porque, ¿qué pasaría si los próceres nacionalistas fueran tan honrados como por ejemplo la mayoría de los ministros de aquel portador del incorrupto brazo? Recordando aquellos largos años del franquismo, tengo que añadir otra condición si no imprescindible sí muy conveniente para que se dé la corrupción, además de estar vivo tiene que haber algo que llevarse, porque no siempre ha sido así como es ahora, la corrupción política – de una dictadura, por ejemplo- no siempre lleva a la corrupción económica por abusos de poder, que puede ser y es fundamentalmente otro estilo, que es el verdaderamente grave e insufrible.
Unir ambas corrupciones puede ser muy socorrido, muy gráfico, muy popular, y en época de abundancia la perversión política del nacionalismo unida a la condición humana prácticamente garantiza el resto de corrupciones, pero es confundir la gripe con el cáncer, perder la orientación, el porqué y la finalidad de la política y yo confieso que he venido a hablar de mi libro, así que mientras tengamos gobernantes cuyo principio de actuación sea una mezcla aborrecible de impostura y de imposición, no voy a tener “tiempo” para más.
A mí, como a la mayoría de los ciudadanos, me duele España, el atropello de las libertades, la impostura, los afanes impositivos y excluyentes, la politización, instrumentalización y corrupción de la alta justicia, la ciudad alegre y confiada, la crisis de valores,... que algunos meten la mano en la caja... pues que tengan un juicio justo y si son culpables a su casa o a la cárcel, como en todas partes del mundo libre. Lo que ocurre es que aquí nos falta todavía bastante para llegar a esa normalidad democrática en la que la corrupción propiamente política no se da o no es relevante, eso es cosa de sistemas totalitarios, de nacionalistas o de este ministro del Interior, de todos los que se permiten cometer impunemente las fechorías que hacen porque se saben impunes.
Y me duele, si no especialmente si particularmente, la división, las miserias, los abusos de poder, los atropellos, la falta de responsabilidad, las deslealtades, los personalismos fuera de lugar, las ambiciones excesivas e injustificadas,... es decir, todo aquello que vemos en el movimiento ciudadano, que es donde estamos. Y esa es nuestra corrupción, que aunque pequeña en términos absolutos no es de las menores en lo relativo, porque se supone que somos unos idealistas y vamos de regeneradores de la democracia, presunta y presuntuosamente, que ya hemos visto lo que da de sí en algunos casos y como lo instrumentalizan o aprovechan algunos. El infierno serán los otros, pero la corrupción nos alcanza a todos.
José Mª Serrano


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